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Unamuno en Fuerteventura

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Micaela

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Fotografía de Unamuno, 1925.

Sabemos que debido a sus ideas y pensamientos tan contrarias a la vida en España durante el s. XIX y el s. XX, Miguel de Unamuno fue desterrado de la ciudad de Salamanca, siendo obligado a abandonar su actual vida para ser confinado en la isla de Fuerteventura. En este artículo contaremos no sólo la experiencia de Unamuno durante sus cuatro meses de estadía en esta isla afortunada, sino también, la huella que dejó en ella, y que aún a día de hoy, continúa con nosotros.

¿Quién era Miguel de Unamuno?

Antes de contar la historia de este icónico escritor y profesor en Fuerteventura, haremos una pequeña introducción de este personaje histórico, para que así, podamos entender mejor su manera de actuar durante su estancia en la isla, así como algunas líneas de sus famosos libros dedicados a la misma.

Unamuno era y es uno de los escritores más importantes pertenecientes a la famosa Generación del 98, donde la preocupación por el futuro de España era el tema del día.

Nacido en Bilbao en 1864, fue hijo de un comerciante que falleció prematuramente, ocasionando que su familia subsistiese a duras penas cuando Unamuno tan solo tenía seis años. Cuando su padre emigró a México, no solo había traído consigo una pequeña fortuna de la que hasta entonces disfrutaba su familia, sino que también había vuelto a España cargando una pequeña biblioteca, que se convertiría en el primer contacto de Unamuno con los libros.

A sus nueves años, dio comienzo la guerra carlista, donde la ciudad de Bilbao fue bombardeada por los carlistas. Unamuno consideró esto como el primer hecho significativo en su vida, precedido por la explosión causada por una bomba carlista el 21 de febrero de 1874 que ocasionó que uno de los tejados cercanos a su casa se desprendiera. A raíz de esto, Unamuno forjó muchas de las ideas y sentimientos acerca de España que desvelaría en sus años venideros en obras como “De mi país” o en su primera novela, Paz en la guerra (1897).

Paz en La Guerra
Miguel de Unamuno.

Bilbao fue la ciudad en la que nacieron muchas de las ideas y de los intereses que ya no le abandonaron nunca, e incluso algunos críticos insistieron en que el origen vasco de Unamuno se puede apreciar no sólo en sus novelas, sino también en su personalidad.

Placa en honor a Miguel de Unamuno
Bilbao

Unamuno partió a Madrid en 1880 para comenzar la carrera de Filosofía y Letras, impulsada por la colección de libros de su padre, así como también por un profesor en bachillerato que tenía como lectura obligatoria a Balmes y a Donoso Cortés, autores que no saciaban la sed de curiosidad de Unamuno, y que provocaron que se hundiera entre las páginas de autores como Kant, Descartes, Hegel y Newton, entre otros, despertando así la vocación de Unamuno como literato y pensador.

Madrid no le produjo una impresión muy positiva al escritor, pero volvió durante varios periodos de su vid para pronunciar alguna conferencia, o cuando su puesto profesional reclamaba hacerse cargo de alguna gestión o acto público.

Salamanca, en cambio, ocupa el primer lugar en la vida de Unamuno como el lugar que más huella le dejó. Aquí, estableció su hogar hasta la época en la que fue desterrado a Fuerteventura, hogar al que volvió tras exiliarse él mismo a Francia, y hogar donde murió la tarde del 31 de diciembre de 1936.

Monumento en honor a Unamuno
Salamanca

En esta ciudad, obtuvo la plaza para la Cátedra de Griego de la Universidad de Salamanca, donde comenzó a dar clases el 2 de octubre de 1891, año en el que terminó de instalarse con su familia. Durante sus primeros años en Salamanca, vivió una rutina bastante monótona donde acudía a sus clases y atendía sus obligaciones familiares, al mismo tiempo que también escribía su primera obra, ya mencionada anteriormente, Paz en la guerra. Lejos de desentenderse de los problemas que afectaban a España durante esa época, Unamuno fue nombrado rector de la Universidad de Salamanca el 30 de octubre de 1900, puesto que ocupó hasta 1914, cuando fue destituido por primera vez como la máxima autoridad de la Universidad.

Este hecho marca los primeros pasos de Unamuno en su campaña política como socialista en medio de una dictadura, lo que le lleva a sufrir el famoso destierro hacia Fuerteventura que lo aleja de su país y de su familia. También, fue condenado a dieciséis años de presidio por injurias contra Alfonso XIII, pero salió absuelto de ello.

¡Ahora sí!

Con esto, dejamos atrás esta breve explicación e introducción a la vida temprana de Miguel de Unamuno antes de ser desterrado a Fuerteventura, dando paso ahora a una breve explicación de su vida en esta isla, a sus pensamientos durante la estadía, a sus conocidos y a las líneas dedicadas en sus obras a este preciado lugar.

UNAMUNO EN FUERTEVENTURA

El 13 de septiembre de 1923 el General Primo de Rivera dio un golpe de Estado que pretendía sacar a España del caos en el que se veía inmersa debido a la política de la época y a la guerra de África. Una de las primeras medidas que se llevó a cabo fue terminar con la libertad de expresión y con las publicaciones expresadas por la prensa, estando las noticias del día bajo el control del Gobierno.

Por ello, los artículos y críticas que Miguel de Unamuno publicó durante esos años en contra el Rey y la dictadura miliar de Primo de Rivera, trajeron como consecuencia que el 20 de febrero de 1924 se declare al escritor como desterrado y cesado en los cargos de vicerrector y decano que ocupaba en ese momento.

“Precisamente el 21 de febrero de 1924, el mismo día en que hacía 50 años, siendo yo niño, sentí caer en la casa de al lado de la mía, la segunda de las bombas que los carlistas echaron sobre Bilbao. A los 50 años de esa época, los sucesores de aquello me sacaron de mi casa.”

Estudiantes, periodistas y algunos políticos protestaron a favor de Unamuno, e incluso esas protestas se extendieron por todo el país, por todo el continente europeo e incluso, por Hispanoamérica.

De la noche a la mañana, Unamuno se convirtió en una especie de figura europea, pero aun así, el escritor se vio obligado a dejar atrás su vida en Salamanca, siendo despedido entre aplausos y vítores de la estación de tren en su camino a Madrid.

El 10 de marzo de 1924 llegó a Fuerteventura con escaso equipaje, en el que portaba tan solo tres libros. La elección de por qué esta isla fue el destino elegido, fue impulsada porque se trataba de uno de los lugares más arrinconados y alejados de todo el país, hasta el punto en el que las noticias actuales llegaban entre, 8, 10 e incluso en algunos casos 15 días más tarde.

Imagen de la Casa Museo junto al monumento de Unamuno
Fuerteventura

Durante los primeros días, Unamuno reflejó esta opinión en sus primeros artículos escritos en la isla, describiéndola como “Esta infortunada, donde entre la apacible calma del cielo y del mar escribo este comentario, mide en lo más largo, de punta Norte a punta Sur, cien kilómetros, y en lo más ancho, veinticinco. En su extremo Suroeste forma una península casi deshabitada, por donde vagan, entre soledades desnudas y desnudeces solitarias de la mísera tierra, algunos pastores.”

A pesar de su primera impresión, Fuerteventura estaba siendo descubierta por una de las más grandes personalidades de España, lo que dio pie a su historia como leyenda, gracias a que un periodista anónimo proclamó su fama en un artículo a raíz del destierro del escritor: “Hoy el nombre de Puerto de Cabras no es desconocido en ambos mundos, y hasta lo repiten millones de labios y lo escriben […] las más prestigiosas plumas de la literatura contemporánea.”

Unamuno vivió durante cuatro largos meses en esta isla, y su estancia fue considerada como un fracaso del Gobierno, pues el escritor no estaba dispuesto a que el Dictador y los partidos extremistas le quitaran lo que más tarde se consideró como una fuerte aventura quijotesca.

Ahora bien, su vida durante el tiempo confinado, casi se puede reconstruir día a día, gracias a las confesiones en formas de verso y prosa que escribió durante los primeros meses de destierro, que más tarde añadió en su obra De Fuerteventura a París (1925). Además, también se publicaron sus escritos en periódicos como “Nuevo Mundo”, de Madrid, en “Caras y Caretas” de Buenos Aires y en “El Tribuno” de Las Palmas, que contaban algún que otro dato interesante más, a los que se les unían sus cartas, sus declaraciones e incluso testimonios de personas que convivieron con él durante la estancia.

De Fuerteventura a París
Diario de Miguel de Unamuno

Unamuno pasó sus primeros días junto a Rodrigo Soriano, su compañero de destierro, en una pensión llamada Hotel Fuerteventura, una humilde casa ubicada entre la cárcel y la iglesia. Pero fue con Ramón Castañeyra, un comerciante autodidacta, que había formado su pequeña biblioteca privada y recibía los periódicos de Las Palmas y de Madrid, con quién Unamuno tuvo un mayor trato y amistad.

“Es justo que sea el nombre de usted el que primero vaya en cabeza de este libro doloroso, ya que usted fue el verdadero padrino de esos sonetos, el primero que los conoció, el que los recogió todavía lívidos del parto cuando lloraban el trágico primer llanto y hasta asistió usted a la gestación de algunos de ellos.” Dedicatoria de Unamuno a Castañeyra en su libro De Fuerteventura a París.

El Hotel Fuerteventura durante la estancia de Miguel de Unamuno en la isla.
Actualmente es conocido como Casa Museo de Unamuno.

Unamuno también habla en estas páginas de personas como Victor Martín, el párroco de Puerto de Cabras, Paco Medina, el posadero, y a Pancho López, todos ellos confidentes en los que Unamuno buscaba consuelo cuando así lo requería, o una bebida en buena compañía.

El escritor era descrito como una persona agresiva, con un genio temible y en ocasiones con una soberbia más grande que una casa, esto se puede ver reflejado en una de sus frases más conocidas, dicha en el momento en el que el dueño del Hotel Fuerteventura le fue a llamar la atención respondiendo a las quejas de los vecinos por bañarse desnudo en la azotea del hotel: “Yo no los miro, que no me miren ellos a mí.”

Una de las mayores distracciones del escritor eran sus paseos a camello en las cercanías del Puerto de Cabras, tal y como se puede observar en una de las fotografías más famosas de Unamuno. Se le describe como un hombre “serio, grave, solemne, igual que un señor de Oriente.”

Otras veces, realizaban excursiones al interior de la isla, que Unamuno logró conocer de palmo a palmo. En sus poemas y en artículos encontramos como los diferentes pueblos de Fuerteventura logran una huella permanente en el corazón del escritor, siendo incluso enternecedor el testimonio en el que confiesa como en el último año de su vida, hace referencia al Puerto de Cabras, a La Oliva, a Pájara y a Betancuria, afirmando que “cuántas veces pienso que estaría mejor ahí, ¿cuándo podré volver a reveer eso y a darle un abrazo ahí?”

Monumento a Unamuno en La Oliva, Fuerteventura

En estos trayectos le acompañaban también Juan Medina, hermano del posadero y José Naranjo, a quién les debemos la mayoría de las fotografías que conservamos actualmente. Un testimonio del joven Naranjo, afirma haber escuchado a Miguel de Unamuno confesar que Betancuria estará bien grabado dentro de sí, así como que “el templo de Santa María era una de las cosas más valiosas y pintorescas del pueblo y de más solera canaria.” Asimismo, la muralla de Punta Jandía que separaba los antiguos reinos de Fuerteventura transportaba a Unamuno a la prehistoria de la Isla.

El escritor decidió abandonar su estancia en nuestra amada isla en julio de 1924, y nunca más volvió a ella. Esto pudo dar pie al hecho de que Fuerteventura no forme parte de las tres ciudades que más marcaron a Miguel de Unamuno a lo largo de su vida, ya que, como hemos visto, sólo vivió aquí durante cuatro meses. Aun así, no hubo un solo día en el que Fuerteventura no se hiciera un hueco entre los pensamientos de este famoso literato, causándole una profunda añoranza y anhelo que nunca pudo satisfacer.

Montaña Quemada
Fuerteventura

CASA MUSEO DE UNAMUNO: INFORMACIÓN PARA EL VISITANTE.

¡Bien! Ahora que ya hemos hecho este breve recorrido histórico por la vida de Unamuno y su estancia en Fuerteventura, queremos que conozcas en profundidad el lugar que más vio de él durante estos cuatro meses, desde el 12 de marzo de 1924 hasta el 9 de julio del mismo año: Hotel Fuerteventura.

Actualmente es conocido como la Casa Museo de Miguel Unamuno, y en ella, podemos ver la decoración en las habitaciones que utilizaba el escritor, su cama, el escritorio donde plasmaba sus pensamientos e ideas con pluma y papel, la cocina o el salón que utilizaba. Además, no solo eso, sino que las paredes de esta Casa Museo están decoradas con los múltiples textos que Unamuno relató sobre Fuerteventura tras su partida.

Gracias a que la casa de Unamuno fue el lugar habitual para tertulias entre él mismo y sus amigos, este Museo esconde un sinfín de historias entre sus paredes y muebles ¡que definitivamente no te puedes perder! Aquí te dejamos la información que necesitas para que puedas vivir entre sus maravillosas páginas mientras dure tu visita, ¡prometemos que no te arrepentirás!

Ubicada frente a la Iglesia de Puerto de Rosario, y al lado del Cabildo de Fuerteventura, no deberías tener problemas en localizarla, ya que el Museo está muy bien señalizado desde los diferentes puntos de la ciudad.

Su horario de apertura es de 9 a 14 h de lunes a viernes y los sábados de 10 a 13 h. Cierra tanto los domingos, como los festivos.

La visita al museo es totalmente gratuita. Además, ofrece una serie de servicios, que también podrás disfrutar sin necesidad de pagar nada.

  • Sala de conferencias, Sala de exposiciones permanente, Fondos Museísticos, Bibliográficos.
  • Visitas guiadas realizadas por el propio personal del museo.
  • Publicaciones: Guía del Museo. Edición facsímil del libro de Fuerteventura a París, así como otros apoyos.
  • Actividades: Cursos anuales con motivo de la Cátedra Cultural Miguel de Unamuno.

Cualquier aclaración o duda que tengas, contactate directamente con la Casa Museo a través de estos datos que te proporcionamos:

Teléfono de Contacto: 928 862 376. / 928 532 299 

Email de contacto: [email protected]

Definitivamente, merece muchísimo la pena viajar en el tiempo y adentrarse en el s. XX, gracias a este lugar tan histórico e icónico del que podemos presumir en nuestra maravillosa isla.

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1 Comentario

  1. Pablo Arroyo

    Aparte de la “ecoway” y los “ecotravellers”, palabros con los que enmarcais la loable labor de promover un modo de viajar respetuoso con la naturaleza y la historia de los lugares (he leído vuestra declaración de principios), y que posiblemente hubiesen hecho sangrar, figuradamente, los oídos de D. Miguel, da un poco la impresión de que no profesais el mismo respeto por la memoria histórica, leída la escasamente comprometida reseña sobre Unamuno, que hasta se murió en lugar de ser asesinado por quienes, acto seguido, se apoderaron de su cadáver y su memoria para ser obscenamente utilizado por la propaganda del régimen genocida. Direis que la reseña es breve y no cabe en ella mayor precisión, pero si queda tiempo, espacio y ganas para mostrar al golpe de estado de Primo de Rivera como una pretensión de “sacar a España del caos en que se veía inmersa”, la sempiterna excusa de la reacción salvadora. Con escaso éxito según sabemos, seguramente por falta de dureza y determinación, como vino a demostrar su conmilitón Franco unos años más tarde, sin tantos complejos y aprovechando que hasta la hora de Berlín nos pusieron.
    Ignoro si teneis alguna visita “ecoway” a la vieja Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, pero de ser así, espero que expliqueis que aquello no fue una colonia “ecogay”.
    Saludos.

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